Cada cuánto hay que cambiar la almohada (y cómo saber que ya toca)

En corto

Una almohada de fibra o microfibra aguanta entre uno y dos años de uso diario; una de viscoelástica, dos o tres; una de látex, más. Pero el plazo no decide: decide el estado. Si al doblarla por la mitad no vuelve sola a su forma, o si te levantas con el cuello cargado y el colchón está bien, ya ha dejado de sostener la cabeza donde debe.

Cada cuánto hay que cambiar la almohada según el material

El plazo no es el mismo para todas porque no todas se agotan igual. Una almohada de relleno suelto (fibra, microfibra, pluma) pierde volumen pronto: el material se compacta con el peso de la cabeza noche tras noche y ya no vuelve. Una de viscoelástica o de látex aguanta más, porque el núcleo es una pieza entera que recupera la forma en lugar de un relleno que se apelmaza por zonas.

  • Fibra, microfibra y pluma: entre uno y dos años de uso diario.
  • Viscoelástica y viscogel: entre dos y tres años.
  • Látex: es la que más aguanta de las tres que fabricamos, y la que menos veces hay que cambiar.

Son órdenes de magnitud, no fechas de caducidad. La almohada de alguien que duerme en ella todas las noches no llega al mismo punto que la de la habitación de invitados, y una que ha pasado dos veranos sin nada que la proteja del sudor, tampoco. Lo que manda es cómo está, no cuánto tiempo lleva, y eso se comprueba en medio minuto.

Cómo saber que la almohada ya está agotada

Cinco comprobaciones, de la más rápida a la más incómoda de reconocer:

  1. Dóblala por la mitad y suéltala. Si se queda doblada o tarda en abrirse, el material ya no tiene recuperación.
  2. Mírala de perfil sin funda. Si hay un valle en el centro y dos lomos en los extremos, la cabeza ya está durmiendo en un hoyo.
  3. Tócala por dentro. Si notas bultos, grumos o zonas duras, el relleno se ha desplazado y eso no se arregla ahuecándola.
  4. Huélela recién levantado. El olor que no se va lavando la funda está en el núcleo, y el núcleo no se lava.
  5. Fíjate en cómo te levantas. Cuello cargado, hombro dormido o la necesidad de doblar la almohada para estar cómodo son la señal más clara de todas.

Esa última costumbre, doblar la almohada o meter el brazo debajo, es el aviso definitivo: el cuerpo está compensando a mano la altura que la almohada ya no da.

Por qué una almohada gastada se nota en el cuello y no en la cabeza

La almohada no está para apoyar la cabeza, está para rellenar el hueco que queda entre la cabeza y el colchón, de modo que el cuello siga la misma línea que el resto de la columna. Cuando el material se hunde, ese hueco deja de estar cubierto: durmiendo de lado el cuello queda caído hacia el colchón, y boca arriba queda echado hacia atrás. Son siete u ocho horas en una postura que no es la neutra, y por eso el aviso llega al cuello y a los hombros en lugar de a la cabeza.

Fabricamos tres almohadas y ninguna es de relleno suelto: microfibra y pluma, viscogel y látex. Tres alturas para tres formas de dormir.

Ver las almohadas

Es también el motivo por el que mucha gente cambia de colchón y sigue levantándose mal. El colchón nuevo sostiene la cadera y la zona lumbar, pero si la almohada tiene cuatro años el cuello sigue exactamente donde estaba.

Lavar la funda no alarga la vida del núcleo

En nuestras almohadas la funda exterior es lavable y conviene lavarla, pero eso no rejuvenece el interior. Lo que de verdad alarga la vida de una almohada es que no le llegue el sudor: el núcleo absorbe humedad cada noche, y la humedad es lo que apelmaza el material y lo que deja el olor que después ya no se va. Una funda protectora de almohada cuesta 12 € y es la diferencia entre cambiarla a los dos años o a los tres.

Lo demás es rutina corta: airearla sin funda un rato cada semana, darle la vuelta para no usar siempre la misma cara y no volver a ponerla en la cama si la funda no está seca del todo.

Qué almohada toca después: la altura manda más que el material

Al elegir la siguiente, lo primero no es el material sino cuánto hueco hay que rellenar, y eso depende de cómo duermes. De lado, el hombro levanta la cabeza y hace falta más altura efectiva; boca arriba el hueco es pequeño y una almohada alta y firme empuja la cabeza hacia delante. Estas son las tres que fabricamos:

  • Microfibra y pluma, 16 cm y firmeza suave: pensada para quien duerme boca arriba. Tiene dos caras, microfibra para verano y pluma para invierno. 49 €.
  • Viscogel, 15 cm y firmeza media: se adapta al contorno de la cabeza y el gel evita la sensación de calor de la viscoelástica clásica. Va bien si duermes de lado. 45 €.
  • Látex, 14 cm y firmeza media: núcleo de látex con agujeros transversales, la que mejor transpira y la que más dura. También para dormir de lado. 56 €.

Ojo con la cifra de altura: la que aparece en la ficha es la altura en reposo, no la que queda debajo de la cabeza. Una almohada suave de 16 cm se comprime bastante más que un núcleo de látex de 14, así que la de 16 no es la más alta de las tres cuando ya estás tumbado. Es la más blanda.

¿Cambiar la almohada o el colchón?

Si los dos van justos, empieza por la almohada: es la pieza más barata del equipo de descanso, la que se agota antes y a veces resuelve el problema que le estabas achacando al colchón. Pero no le pidas más de lo que puede hacer. Una almohada nueva sobre un colchón hundido en el centro no arregla nada, porque la línea de la columna ya está torcida desde la cadera. Si tu colchón pasa de los diez años o tiene un valle marcado, el orden es el contrario: ahí lo que toca es revisar cada cuánto hay que cambiar el colchón y cambiar las dos cosas a la vez.

Y una cosa práctica: cuando renueves, cambia las dos almohadas de la cama aunque una parezca mejor. Duermen las mismas horas, se han agotado a la vez, y una diferencia de altura entre un lado y el otro se nota más de lo que parece.

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